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El impacto de la cuarta revolución industrial

Hace unos meses, leímos un artículo publicado en BBC que hacía referencia al concepto de cuarta revolución industrial y, sobre todo, hablaba de por qué deberíamos estar preocupados al respecto. La velocidad, el alcance y el impacto de las nuevas tecnologías -o, mejor dicho, del nuevo mundo que surge de la unión de diferentes tecnologías- nos llevan a pensar en las consecuencias que pueden desencadenarse en un sentido ético, pero principalmente, humano.

Los temas de la moral y la ética están siendo nuevamente discutidos en todo el mundo gracias al auge de la inteligencia artificial, los vehículos autónomos y la Internet de las Cosas. Sin ir más lejos, en el foro de Davos se llevaron a cabo varios congresos y sesiones para debatir sobre la implicancia, por ejemplo, de la decisión que debería tomar un vehículo autónomo cuando se encuentra frente a un posible accidente de acuerdo a un porcentaje de probabilidad de supervivencia.

Queríamos saber un poco más al respecto, tener una opinión fundamentada de alguien que participa en este tipo de debates, así que invitamos a nuestras oficinas a Jeannette Torrez, Licenciada en Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) e investigadora de la Asociación por los Derechos Civiles (ADC). Como si fuera poco, Jeannette fue elegida el año pasado por la Internet Society como Ambassador para participar del Internet Governance Forum 2016 y, lo más importante de todo, es una antigua amiga de FDV. Del encuentro nos llevamos mucha información que nos pareció interesante compartir.

¿En qué trabajás específicamente dentro de la Asociación?

Yo estoy en la parte de privacidad y libertad de expresión, un área que funciona en la Asociación desde hace unos años pero que se vio desafiada específicamente con el despegue de las TIC, los smartphones y el acceso a internet, lo cual ha motivado un mayor monitoreo en el ámbito digital.

¿Cómo debería ser el equilibrio entre el acceso a la información y la privacidad de los datos? ¿Cómo decidimos qué parte de la información se hace pública?

Es uno de los temas que trae más debate. Pone en aparente colisión el derecho al acceso a la información y a la protección de los datos personales. Una de las aristas que clarifican un poco el escenario, es el interés público. Si hay una noticia que es de interés público para la sociedad, hay un límite importante a ser respetado y en algunos casos deberá sobrepasar a la protección de los datos personales. Sin embargo, es sumamente importante tener en cuenta que las decisiones en este aspecto son caso por caso, debido a que regulaciones de mucha generalidad pueden desatender situaciones complejas. Muchas veces está el caso de las víctimas que tienen su legítimo derecho a la protección de sus datos, honor, intimidad y otros derechos, solicitando a algunos intermediarios como Google, Yahoo y Bing, la baja de información que podría estar dañando su vida. Pero aunque se “baje” o mejor dicho, se desindexe dicha información, la misma sigue estando, el tema de fondo no se soluciona y encima se genera una situación que coloca a las empresas en un rol complicado para la garantía de libertad de expresión, ya que ellos no generan aquel contenido lesivo y sin embargo, se los hace responsables por eso. Si bien también debemos problematizar la libertad de información que tenemos en un mundo dominado por algoritmos que deciden mostrarnos cierto contenido y no otro, lo anterior no deja de representar una situación preocupante para nuestros derechos. Por ejemplo, nuestra sociedad tiene un proceso muy joven de políticas de memoria, hasta hace pocos años no era una política de estado el derecho a la memoria, a recordar. Con ello me refiero a las políticas adoptadas en torno a fortalecer los procesos de memoria colectiva, en particular, orientadas a transmitir la historia de la última dictadura militar a las generaciones que no vivieron esa época, buscando así superar el pasado evocándolo en el presente. Si pensamos en la posibilidad de que una persona condenada por un delito de lesa humanidad haga valer su derecho a la protección de datos personales, buscando desindexar un sitio o varios que hagan referencia a una información de interés público como en este caso, nuestro derecho a la memoria colectiva podría resultar lesionado. Teniendo en cuenta que la historia es un terreno de disputa y de conflicto, pienso que es fundamental defender espacios que colaboren en la construcción de representaciones de memoria colectiva tales como archivos, registros de noticias y testimonios, ya que aunque estos espacios parezcan pequeños, son importantes para la creación de la imagen del pasado de nuestra nación.

¿Qué responsabilidad tienen los motores de búsqueda?

Facebook y Google tienen sus políticas basadas en Estados Unidos, sin embargo en nuestro país existe un proyecto de ley que busca regular esta cuestión. La responsabilidad de los intermediarios es un tema sumamente complejo que nada más y nada menos, tiene impacto en nuestro derecho a la libertad de expresión y por lo tanto, cualquier regulación en este sentido debe involucrar a todos los actores que hacen internet.

Lo que debería evitarse es que las empresas por temor a problemas legales, deban verse en la obligación de controlar el contenido que circula en sus plataformas ya que “por las dudas” las mismas podrían bajar contenido importante para la sociedad, es decir de interés público.

Salvo en algunos casos puntuales donde no exista ningún interés público en acceder a cierta información, como la pornografía infantil o incluso revenge porn, los intermediarios no tendrían que verse obligados decidir en materia de derechos. En casos donde colisionan derechos como la libertad de expresión y la protección de datos personales, como ha sucedido en numerosos casos dentro y fuera de la Argentina, no deberían ser los privados quienes tomen decisiones en dicho terreno, debido a que son cuestiones que afectan derechos fundamentales y sólo una autoridad judicial o de naturaleza jurídica similar debería resolver conflictos de ese tipo. Claro que también en nuestro país existe un acceso desigual a la justicia que también debe tenerse en cuenta.

¿Cómo podríamos entender el derecho al olvido en el mundo online?

Pienso que habría que llamarlo de otra manera, quizás «derecho a ser desindexado», ya que por el modo en que funcionan las tecnologías de la comunicación no es posible asegurar un derecho al olvido. Es tarea del Estado fortalecer los mecanismos que aseguren una mejor educación de las personas en el ámbito digital, para que tengan más conciencia del impacto masificador de internet y sean cuidadosas de su información. Lo que está subido a internet no desaparece y no estoy segura que sea un idea que las personas tengan presente cuando interactúan con internet.

¿Se está haciendo algo desde la ADC?

Estamos debatiendo cómo debería ser una regulación que respete los derechos en los temas que afectan la vida de las personas en la sociedad de la información. Volviendo al tema de acceso a la información vs. protección de datos personales, es difícil cuando hay víctimas involucradas, y muchas veces por eso es un tema muy polémico y en el cual hay que tener en cuenta la mayor cantidad de aristas posibles para así intentar lograr un balance entre los derechos en juego.

Desde nuestra organización, trabajamos en red con otras organizaciones de América Latina: de Chile, de Brasil, de México, así como de Europa. El Foro para la Gobernanza, por ejemplo, es un espacio de diálogo auspiciado por la ONU que ya tiene más de 10 años y que reúne a las comunidades técnica y académica, usuarios, empresas, la sociedad civil y los gobiernos. No se toman decisiones, pero el modelo de encuentro y debate es ideal para buscar soluciones de manera más integral. Creo que es el camino, juntar a todas esas partes para hablar de los temas que nos competen a todos.

Haciendo un balance entre los beneficios de la tecnología RFID (por ejemplo, para localizar a los chicos en los viajes de egresados) o de la tecnología GPS (para transportarnos) y sus riesgos ¿Dirías que estas tecnologías son más beneficiosas o más perjudiciales?

Una posición personal es que siempre se ve a la tecnología como algo bueno o malo, es decir, se la piensa en posiciones polarizadas, pero coincidentes en que la misma es exterior a nosotros. Sin embargo, pienso que la tecnología es una dimensión más de lo que somos como sujetos, retomando un poco a filósofos como Espósito. No es posible pensarnos como personas por fuera de la tecnología. Por eso las decisiones que se toman en este terreno no son neutrales y, en cierto modo, afectan lo que consideremos como “naturaleza humana”. Hoy en día las tecnologías se programan para un fin, lo que habrá que revisar es ese fin y ponerlo en una balanza. Por ejemplo, las tecnologías de identificación biométrica, se proponen como buenas para garantizar para la seguridad nacional, pero también traen aparejados problemas de identificación masiva de los ciudadanos.

¿Qué opinás de todo lo que se habla en el Foro de Davos con respecto a estos temas?

El año pasado nos quedamos muy preocupados desde la Asociación. Y en particular, me preocuparon las conversaciones entre el gobierno, Facebook y Microsoft.
Por ejemplo, muchas bases de datos y muchos sistemas del Estado pueden llegar a ser tratados con sistemas de corporaciones foráneas. Esto, a mi entender, es un problema de soberanía de la información, es decir, información crítica para los intereses de la nación puede caer en manos de empresas con data centers en países que tienen leyes que habilitan a los estados a tener acceso a esos datos.
Otra cosa que repudiamos desde ADC, fue la posibilidad que el estado fomentara la llegada de Free Basics, que es un internet aparentemente gratuito y degradado, que ofrece Facebook para gente de bajos recursos. Que se provea a una gran porción de nuestra población con Free Basics, le brinda a Facebook un acceso a información y datos de un montón de argentinos, y cabe preguntarnos como sociedad si eso es legítimo o no, si queremos un acceso a las TICs a cualquier costo y de cualquier calidad. Ahora se llama Internet.org, y solamente es posible entrar a algunos sitios, obviamente a Facebook y algunos más que decida la empresa, por eso es que no es internet sino una versión empobrecida de la misma.

¿Cómo juegan en ese contexto las redes libres?

Las redes libres son un modelo que no deja de maravillarme. Tiene muchísimas virtudes y potencialidades. Son comunidades que se autoorganizan para tener acceso a comunicaciones, a internet.

Estas iniciativas han surgido en lugares donde las empresas no ofrecen el servicio porque no los reditúa económicamente. Muy creativamente, las comunidades han empezado a comprar tecnología relativamente accesible que se programa de manera comunitaria y colaborativa para dar acceso a todos. Rizomática es una de las experiencias que más me conmueve, de Oaxaca, México. En Brasil también hay algunos movimientos con comunidades indígenas, en Argentina tenemos a AlterMundi. Es internet “hecha por la gente para la gente”. Además, muchas de estas experiencias tienen interesantes visiones sobre la construcción de tecnologías con una mirada de género y con un espíritu “descentralizador” de internet.

Además de ser muy productiva, nuestra charla con Jeannette nos motivó a seguir pensando. Marcela Riccillo, investigadora y docente en el área de Ciencia de datos y Robótica Humanoide y doctora en Ciencias de la Computación (UBA), dijo hace poco en el Congreso Argentino de Ciencias de la Informática y Desarrollos de Investigación (CACIDI) que corremos el riesgo de pensar que si algo es afirmado por un sistema de inteligencia artificial, entonces es verdadero. Ella agregó que «las personas tendrán que aprender que no se puede confiar ciegamente en un sistema de este tipo y ese es el verdadero y más cercano riesgo que enfrentamos». Y es que por el momento, podemos hablar de inteligencia artificial, pero no de conciencia artificial. En FDV creemos que las decisiones finales deberían estar siempre en manos de los seres humanos, ya que los sistemas se programan por y para ellos.

 

Por el editor del blog.

 

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